Acelga de monje: la guardiana del equilibrio femenino
Cuando en pleno verano se secan los cauces de los torrentes de la Tramuntana, a menudo sigue brillando allí una planta de un intenso color violeta: el agnocasto (Vitex agnus-castus). Es un tesoro poco común de la naturaleza de nuestra isla, tan poco común que ahora está estrictamente protegido.
Aquí es donde se refleja con mayor claridad nuestra filosofía en FARTÀRITX: no tomamos, conservamos. Dado que las poblaciones silvestres están protegidas, no las recolectamos. En su lugar, hemos dado un nuevo hogar al agnocasto en nuestros campos.
Cultivado con respeto por la naturaleza
Lo cultivamos directamente en la finca, en la misma tierra agreste y bajo el mismo clima salvaje que le encanta. De esta manera, protegemos los recursos naturales de los valles y, al mismo tiempo, garantizamos que nuestras plantas puedan desarrollar todo su potencial natural, de forma sostenible y en armonía con las leyes de la isla.
El secreto del nombre
Su nombre cuenta una historia curiosa. En la Edad Media, los monjes utilizaban las semillas picantes como sustituto de las especias («Keuschlamm»), con la esperanza de frenar así sus deseos mundanos. Hoy sabemos que la planta no reprime, sino que regula. Lo que entonces se consideraba un freno, hoy se entiende como un potente impulsor de la armonía.
La farmacia silvestre: equilibrio hormonal suave
El agnocasto se considera el «director de orquesta» del sistema hormonal. No aporta hormonas artificiales, sino que actúa suavemente sobre la glándula pituitaria (hipófisis) y recuerda al cuerpo su ritmo natural.
Es un poderoso aliado, especialmente para las mujeres:
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Equilibrio del ciclo: ayuda a armonizar los ciclos irregulares.
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Acompañante del síndrome premenstrual: alivia las tensiones en los días previos a la menstruación.
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Menopausia: en épocas de cambios, tiene un efecto equilibrador.
El ritual
El agnocasto nos enseña a ser pacientes. No actúa de la noche a la mañana, sino que va acumulando su poder lentamente a lo largo de semanas. Es una invitación a volver a escuchar a nuestro propio cuerpo y darle tiempo para recuperar su equilibrio.












