Con su espinosa cabeza de color marrón rojizo, que parece un pequeño erizo, y sus brillantes pétalos de color púrpura, es una planta que irradia fuerza. La equinácea (Echinacea purpurea), el sombrero de sol rojo, es la guerrera entre las plantas medicinales.
No se esconde. Se mantiene erguida y desafía el viento y las inclemencias del tiempo. Es precisamente esta resistencia indomable la que nos transmite. No es un suave cojín, sino una llamada de atención para las defensas de nuestro propio cuerpo.
El conocimiento sagrado de los lakota
Mucho antes de que la ciencia moderna descubriera sus principios activos bajo el microscopio, la equinácea era la planta medicinal más importante para los indios de las praderas norteamericanas. Tribus como los lakota, los cheyenne y los dakota la llamaban con reverencia «raíz de alce» o simplemente «la medicina». Para ellos era un protector universal: utilizaban la pasta de la raíz para neutralizar las mordeduras de serpiente y curar heridas. El hecho de que una planta fuera lo suficientemente fuerte como para combatir el veneno de las serpientes la convirtió en el símbolo definitivo de la resistencia.
No fue hasta finales del siglo XIX cuando el médico Dr. H.C.F. Meyer llevó estos conocimientos desde el otro lado del océano hasta Europa, donde rápidamente se convirtieron en un elemento fundamental de la medicina monástica y la fitoterapia.
El sistema de alarma del sistema inmunológico
Hoy en día, los efectos de la equinácea están mejor investigados que los de casi cualquier otra sustancia. No actúa directamente contra los virus, sino que entrena a las tropas del organismo.
- Activación: sus ingredientes (alcamidas y polisacáridos) actúan como una llave que abre el sistema inmunológico. Aumentan el número y la actividad de los glóbulos blancos, las células que combaten a los invasores.
- El remedio contra los resfriados: cuando te pica la garganta o te gotea la nariz, la equinácea es la solución. Puede ayudar a combatir las infecciones antes de que se desarrollen por completo o acortar notablemente su duración.
- Antiinflamatorio: no solo actúa en el interior, sino también en el exterior. Se utiliza tradicionalmente para aliviar las inflamaciones de la piel y acelerar la cicatrización de las heridas.
Un aliado global
Aunque la equinácea tiene sus raíces en tierras lejanas, en Fartàritx la hemos acogido en nuestro corazón. Es el complemento perfecto para nuestras hierbas autóctonas, como el jara o la hoja de olivo. Mientras que nuestras hierbas isleñas aportan calma y equilibrio, la equinácea aporta la agresividad necesaria para mantener a raya a virus y bacterias.
En nuestros elixires lo utilizamos como el «compañero fuerte» que te protege cuando fuera hay tormenta y nieva.







