Hay aromas que solo se huelen y hay aromas que se sienten. El aroma de la rosa de Damasco (Rosa damascena) nos llega directamente al centro de nuestro ser. No en vano es la reina indiscutible del mundo floral.
Su historia es un cuento de Las mil y una noches. Originaria de la antigua Persia, fue traída a Europa por los cruzados. No es una rosa cualquiera: su aroma es más complejo, profundo y seductor que el de cualquier otra variedad. Para obtener un solo litro de su preciado aceite esencial se necesitan hasta 4000 kilogramos de pétalos, recogidos a mano al amanecer, cuando el contenido de aceite es más alto.
Oro líquido para la piel
En la cosmética natural, la rosa de Damasco es un lujo absoluto. Es especialmente bien tolerada y tiene un efecto rejuvenecedor.
- El efecto «glow»: el agua de rosas y el aceite de rosas proporcionan una hidratación intensa. Retienen el agua en las células y rellenan suavemente la piel. El resultado es ese cutis fresco y rosado que tanto nos gusta.
- Calmante: tiene un fuerte efecto antiinflamatorio y refrescante. Las rojeces, la cuperosis o la piel irritada se calman con su suave tacto.
- Regeneración: con más de 400 ingredientes, favorece la renovación celular y se considera uno de los mejores remedios contra el envejecimiento prematuro de la piel.
La que abre el corazón
A nivel emocional, la rosa es la especialista del corazón.
- Contra la pena: en aromaterapia se utiliza para tratar el desamor, la tristeza o el endurecimiento emocional. Su aroma alivia la ansiedad y mejora el estado de ánimo. Envuelve el alma como una cálida manta.
- Equilibrio para la mujer: se considera muy armonizador para el sistema hormonal femenino y ayuda a reconectar con la propia sensualidad y suavidad.
Un soplo de eternidad
En Oriente se dice que el aroma de la rosa es el aroma de lo divino. Quienes se cuidan con rosa de Damasco hacen algo más que simplemente «ponerse crema». Es un ritual de amor propio. Es el momento del día en el que te tratas a ti misma como una reina.











